
Habito aquí, estatua de sal, telar de piedra
dando textura a conjuros y movimiento a mis
pasos
desde las paredes que son frontera lejana de mi
mundo
que se encogen o huyen a capricho.
Intentando incendiar el breve espacio del oídoy
cabalgando la piel hasta sangrarla.
Deslizo los dedos sobre los corazones abatidos
abro lentamente y hurgo el rojo espacio
tomando sus secretos para volverlos ventana de
luz
a las miradas
Ordeno las esencias en mundanas densidades
las guardo en el armario del capricho
señalo los días con aromas de heliotropo
y construyo vigilias bajo la sombra de los pinos.
Soy la relatora de los días no venidos.
La que marca la ruta cuando el sol desciende.
La que pinta de plúmbago la antesala nocturna.
La que incrusta de estrellas la corteza del cielo.
La que recoge liras de polvorientos llanos
y entre biselados prismas la muerte esconde.


