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Lo que en la madrugada soñaba ...

Tantas veces intentó sacárselo de dentro,
que lo único que finalmente logró hacer es un hueco enorme
por el que cada vez entraban y salían mas emociones,
tantas que acabaron inundando todo su consciente,
y media parte de sus sueños.
Desde entonces llora sonrisas y se tumba en el primer regazo que le promete un abrazo,
porque sólo en esos momentos logra tapar el hueco con una nueva sensación,
entonces puede parar el torrente para buscar aquel primero,
el que nunca pudo sacarse del todo, lo revive, se desgarra un poco más,
y esas noches las lágrimas son lágrimas,
recupera sus sueños y entiende que siempre le echará de menos.



Aun ahora sigue esperando que venga,
porque, ilusa, se agarra a la esperanza,
en ese poco de realidad que aun consigue separar de sus ficciones,
esa en que él sería capaz de tapar el hueco,
porque solo tenerle dentro implicaría que no hubiera lugar para nada mas,
y entonces volvería a ser ella.



Ahora solo tiene un problema,
que se ha engañado tantas veces,
que es incapaz de reconocer cual de todos ellos es Él.



la damita .

Cuando nació mi tristeza ..

Cuando nació mi Tristeza, le prodigué mil cuidados,
y la vigilé con amorosa ternura.
Y mi Tristeza creció como todos los seres vivientes,
fuerte y hermosa y llena de maravillosas gracias.
Y mi tristeza y yo nos amábamos, y amábamos al mundo que nos rodeaba.
Pues mi Tristeza era de corazón bondadoso,
y el mío también era amable cuando estaba lleno de Tristeza.
Y cuando hablábamos, mi Tristeza y yo, nuestros días eran alados y nuestras noches estaban engalanadas de sueños; porque mi Tristeza era elocuente,
y mi lengua también era elocuente con la Tristeza.
Y cuando mi Tristeza y yo cantábamos juntos,
nuestros vecinos sentábanse a la ventana a escucharnos;
pues nuestros cantos eran profundos como el mar,
y nuestras melodías estaban impregnadas de extraños recuerdos.
Y cuando caminábamos juntos, mi tristeza y yo,
la gente nos miraba con amables ojos, y cuchicheaba con extremada dulzura.
Y también había quien nos envidiara,
pues mi Tristeza era un ser noble, y yo me sentía orgulloso de mi Tristeza.
Pero murió mi Tristeza, como todo ser viviente, y me quedé solo, con mis reflexiones.
Y ahora, cuando hablo, mis palabras suenan pesadas en mis oídos.
Y cuando canto, mis vecinos ya no escuchan mis canciones.
Y cuando camino solo por la calle, ya nadie me mira.
Sólo en sueños oigo voces que dicen compadecidas:
"Mirad: allí yace el hombre al que se le murió su Tristeza"
.(Khalil Gibran)

la dama.


*

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